-Heart Is a Drum -                                                                                                    70 x 100 cm. Cotton paper, 2024.

La imagen ante nosotros puede leerse como una cartografía del caos interno, una representación que desafía cualquier estructura coherente mientras manifiesta un deseo irreprimible de encontrar forma en medio del delirio cromático. La maraña de líneas que atraviesa el plano no responde a una lógica euclidiana, sino que parece surgir de una subjetividad desbordada por un exceso de estímulos. Más que un espacio físico, se configura como un mapa psicológico, un entramado de sensaciones y estados anímicos que se entrelazan y colisionan.

El cromatismo vibrante y, en ocasiones, contradictorio, parece buscar trascender la bidimensionalidad de la superficie pictórica. Los colores no solo contrastan, sino que luchan por imponerse, generando zonas de tensión donde la mirada queda atrapada en un torbellino. Hay algo en esta composición que remite a la fragmentación cubista, pero llevada a una dimensión más subjetiva y emocional, donde lo que está en juego no es la representación de la realidad, sino el flujo mismo de la conciencia.